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Te llevo grabada con tinta de fuego en mi corazón
y no hay ni Dios ni Diablo que te borre,
ni ángel de la guarda que me haga olvidar tu nombre.
No hay ente alguno que pueda devolverme la razón.
No hay terapia ni grupo que cure tus besos en mi frente.
No hay nada que arrebate a este demente
el gozoso dolor de tu adiós.
No hay más allá ni otra vida
si no podemos ser nosotros dos.
Si quieren que olvide tu sonrisa,
yo les grito a pleno pulmón:
No! No! Y no!
Si tienes que ser mi castigo
mi lamento será el testigo
de que nosotros fuimos uno.
Y no hay ser alguno
que pueda obligarme a olvidarte.
Yo insisto en poder cuidarte.
Siempre a mi humilde manera,
humilde pero sincera.
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